En medio de las críticas y cuestionamientos que ha recibido el Gobierno nacional tras la iniciativa del presidente Abelardo de la Espriella (y varios congresistas y concejales de ciudades como Bogotá) de militarizar los centros urbanos del país con críticos problemas de violencia y orden público, el mandatario dio la orden de poner a uniformados del Ejército Nacional en las calles de Cúcuta.
Si bien la violencia ha afectado desde hace meses esta ciudad y buena parte de Norte de Santander, empezando por la subregión del Catatumbo, el detonante para ordenar la militarización de esta ciudad fue el asesinato de Miguel Castellanos, exsecretario de Gobierno de la capital nortesantandereana, el 26 de octubre en el Anillo Vial Occidental.
«No vamos a permitir que el narcoterrorismo siga sembrando el miedo y amenazando las familias de un departamento de gente trabajadora y patriota como es el departamento de Norte de Santander», indicó el jefe de Estado en compañía del ministro de Defensa, Mayor General (r) Jorge Mora. En ese sentido, detalló que la militarización será temporal mientras la fuerza pública recupera el orden en esta ciudad, mediante tareas que estarán a cargo del Ejército en trabajo conjunto con la Policía Nacional.
«Esta decisión obedece, además, a una circunstancia especial y es que el departamento de Norte de Santander es un departamento fronterizo», añadió De la Espriella. Otra de las medidas anunciadas fue la entrada en operación de la campaña militar y policial Esparta y el Bloque Operacional de Seguridad Urbana (BOSUR) en Cúcuta.
«Estas capacidades permitirán intensificar las operaciones contra el terrorismo, perseguir a los responsables de la violencia, golpear las finanzas criminales y desarticular las organizaciones que pretenden someter a la población», agregó el presidente, quien dio a conocer que estará presente en Cúcuta la próxima semana para hacer seguimiento al cumplimiento de estas instrucciones.

