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    Guerrillero y Querido, dos palabras que se pueden utilizar cuando se habla de Carlos Pizarro – Opinión

    En Colombia estamos acostumbrados a hablar de buenos y malos, cuando se trata de historias que para cada individuo tiene un concepto personal que no debe ser juzgado.

    La orden del Gobierno nacional de eliminar por completo la presencia en espacios culturales de objetos que, en su concepto, hagan apología al terrorismo o ideologías con las que no están de acuerdo, es una muestra más de que en Colombia se vive de los extremos.

    Durante el gobierno Petro, el mandatario se cansó de resaltar elementos del M-19 y de figuras que fueron parte de grupos armados, como el cura Camilo Torres, como ejemplos positivos, desconociendo que con sus acciones fueron parte del conflicto interno que está lejos de desaparecer en el país.

    Por su parte, Abelardo De la Espriella busca eliminar la presencia de personalidades como Carlos Pizarro porque, para él, representa algo negativo para la sociedad, desconociendo que el excomandante del M-19, además de ser parte de una estructura armada que cometió varios delitos, también fue una de las personas que, en una de las etapas más oscuras del país, apostó por la paz y terminó, como la mayoría de individuos que lo hacen, asesinado.

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    De la Espriella ordenó retirar elementos que hacen parte de la historia de Colombia, que, aunque para algunos sea negativo, hace parte de lo que se vivió en el país. Por ejemplo, retirar las imágenes de Bernardo Jaramillo Ossa es desconocer que los vinculados a la Unión Patriótica padecieron un seguimiento que terminó en la exterminación de un partido político con responsabilidad directa por parte del Estado.

    Dejar solo la foto de Luis Carlos Galán en una pared que tenía a candidatos presidenciales asesinados es desconocer las luchas que, gusten o no a algunos, encabezaron Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro, y entender esto no significa quitarle prestigio al líder del Partido Liberal y lo que representó para la sociedad en los 90; sin embargo, tampoco se puede dejar de hablar de las masas que seguían a los otros políticos que terminaron siendo asesinados por pensar diferente a los poderes políticos y criminales de la época. Solo hay que ver videos e imágenes de los sepelios de estas personas para poder afirmar, no desde una opinión, sino como un hecho, que eran queridos en Colombia.

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    En el país hay varios museos en los que se nombra a Pablo Escobar sin tener que hacerle apología al narcotráfico, simplemente se habla de un connacional que se convirtió en el peor criminal de la historia del país y que llevó a la nación a un auge de violencia a la que no se debe volver. Recordar algo no significa hacerlo con agrado o desde el positivismo.

    Decir que Carlos Pizarro fue una persona querida en el país no es desconocer que fue militante de un grupo armado que se tomó una embajada, el Palacio de Justicia, y que fue responsable del sufrimiento de cientos de familias; es reconocer que, con todo y ello, fue el comandante de esa guerrilla en el momento en que se firmó un proceso de paz, que se convirtió en la voz de poblaciones vulnerables que se sentían ajenas al poder y que terminó siendo silenciado por hablar de conciliación en un momento de la historia en el que Colombia solo rimaba con guerra.

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    Reconocer que Pizarro Leongómez fue víctima de la violencia, como lo fueron Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Jaime Garzón y un montón de figuras públicas que tienen algo en común: Pensaban diferente al poder político y criminal del país.

    En Colombia solo entendemos de extremos; nos encanta decir que el punto intermedio es ineficiente, pero considero que en este tipo de casos es necesario entender que cuando se habla de historia no se debe tener una postura de que se trata de buenos y malos, sino de personas que fueron claves para que podamos hablar de Colombia, y desconocer eso solo hará que repitamos los mismos errores que nos hacen siempre volver al mismo punto: un país con un conflicto interno que está lejos de terminar.

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