«(…) Tampoco vamos a permitir que se promueva el terrorismo. Aquí nunca más los terroristas tendrán un lugar como si de próceres de la patria se tratara. Le he dado instrucciones a la señora ministra (de Cultura, Paola Holguín) para que toda esa oda al terrorismo en la que aparece (Carlos) Pizarro y demás terroristas, sea desaparecido de los lugares públicos. No lo voy a aceptar y eso es precisamente lo que hemos venido a enfrentar. No acepto la apología al terrorismo y esa apología se acabó».
Con esas palabras, y en un discurso que duró más de 10 minutos, el presidente Abelardo de la Espriella inició de frente la «batalla cultural» con un hecho inédito en la historia democrática del país: el desmonte del Museo Nacional, el repositorio de arte más importante de Colombia, de 30 imágenes alusivas a las luchas feministas y de la comunidad LGBTIQ+, así como de crímenes que tuvieron auspicio de agentes del Estado, como el exterminio contra la Unión Patriótica (UP) y el Acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y la guerrilla del M-19.
Este desmonte incluyó, además, el retiro de la imagen de Carlos Pizarro, excomandante de aquel grupo subversivo y firmante de aquel proceso de paz, asesinado 49 días después de su regreso a la vida civil por sicarios con complicidad del Estado en alianza con grupos paramilitares. Justamente, el motivo por el cual este y otros magnicidios como el de Bernardo Jaramillo Ossa, también candidato presidencial al momento de su muerte, fueron recordados en el Museo Nacional.
Quitar de los muros estas muestras y las relacionadas con los movimientos feministas y con las luchas del pueblo LGBTIQ+ contra la represión y el atavismo configura un acto de censura y que es digno de regímenes autoritarios. En eso concuerdan líderes activistas, periodistas, estudiantes y académicos dedicados al estudio de la memoria y los fenómenos sociales.
Pero primero, un repaso de las obras desmontadas a dedo por parte del Gobierno nacional, mediante Julián Sterling, secretario general del Ministerio de Cultura, y Constanza Toquica, directora (e) del Museo Nacional:
- Yembé perteneciente a la batucada Toque Lésbico
- Afiche promocional del Ciclo Rosa en la Cinemateca Distrital
- Afiche de la Jornada Internacional No a la violencia contra la mujer. Por un día sin violencia ni en casa ni en el país.
- Zapatos diseñados para mujer trans. Proyecto Lafarota, donados en 2018 al Museo Nacional
- Camiseta otorgada al ciclista colombiano Lucho Herrera, como líder de montaña en el Tour de Francia 1985. Donada en 2009.
- Traje Miami Vice década de 1980, inspirado en el estilo Gatsby
- Muestra del periódico ‘Nuestras mujeres’, donado en 2018
- Platea. Muestra que evoca encuentros amorosos que tenían lugar en la oscuridad del teatro Faenza, en Bogotá.
- Manifiesto Internacional de la campaña contracepción, aborto y no a la esterilización forzada elaborado en el Encuentro Nacional de Mujeres, en Cali.
- Bandera del orgullo gay que perteneció a la activista Elizabeth Castillo.
- Campaña publicitaria de la marcha LGBT 2006. Pieza Bisexuales. Donado en 2018
- Paraguas del personaje ‘Tía Cena’ en la telenovela Caballo Viejo (Consuelo Luzardo).
- Chaleco de cuero con medallas, insignias y galones. Donado en 2010 al Museo.
- Fotografía de Humberto Rincón Perfetti, de la marcha de la ciudadanía plena LGBT ‘Por una Colombia incluyente’
- Ejemplar de la revista La Ventana Gay, n.º 2, de Manuel Antonio Velandia y León Zuleta

«Un golpe sensible a la memoria del país»
Manuel Velandia, emblema de las luchas de la comunidad LGBTIQ+ y pionero del movimiento homosexual de Colombia 1977, es crítico al afirmar que el gobierno de turno no se encarga de definir qué debe o no borrarse de la memoria histórica del país. «El museo público no debe convertirse en instrumento de propaganda de ningún gobierno y tampoco puede reducir la historia nacional a una única interpretación oficial», enfatizó el también sociólogo.
Elizabeth Castillo, activista lesbiana, feminista y de quien eran varios objetos retirados del Museo Nacional, entre ellos la bandera del orgullo que portó muchas veces en marchas y manifestaciones, mostró sus reparos frente a esta decisión. »
No nos van a desaparecer tan fácil. No pudieron, no podrán (…) Llaman «material sensible» a una bandera y piezas de museo que solo hablan de la defensa de derechos civiles. Pero ni se inmutan con la iconografía de Pablo Escobar que venden en cada esquina de Medellín», expresó.


