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    Las críticas se agudizan por el desmonte de 30 obras del Museo Nacional: el turno fue para las universidades

    Instituciones públicas y privadas mostraron su postura frente a este acto calificado dentro de colectivos artísticos y políticos como censura, en medio de la insistencia de la ministra de Cultura de mantener la "revisión" a las obras que ya no están en las paredes del museo.

    El gobierno nacional va perdiendo el primer round de la batalla cultural que el mismo Ejecutivo promovió. El anuncio de la «contrarrevolución» contra el «wokismo» hecho por el presidente Abelardo de la Espriella, lejos de eliminar nombres como el de Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo, los ha puesto en boca de todo el país, ya sea para hablar a favor o en contra.

    Con la decisión de desmontar 30 obras del Miuseo Nacional correspondientes a procesos de paz y al movimiento LGBTIQ+ y feminista, las voces de rechazo y de cuestionamiento al Ministerio de Cultura han sido mayores y de peso. La academia, representada en las universidades más importantes del país, concuerda en que la memoria histórica no puede ser una sola, y que la función de exhibir a diferentes actores históricos permite la conjunción de ideas, opiniones y visiones sobre el desarrollo social y cultural de una nación.

    No solamente la universidad pública se pronunció sobre este tema que no ha perdido intensidad; sino que recientemente las facultades de artes de varias de las instituciones privadas más prestigiosas del país, como la Javeriana, Los Andes, el Rosario y la Jorge Tadeo Lozano hicieron un llamado al gobierno a un ejercicio de curaduría serio y a conservar las muestras en honor al pluralismo democrático que ha construido el país.

    «El respeto por las instituciones se resquebraja con estas acciones, poniendo en duda la intención del actual gobierno de reconocer la diversidad cultural, social y religiosa del país», manifestaron desde la Javeriana, en tanto que desde la Facultad de Creación de la Universidad del Rosario se sumaron al llamado de la comunidad museal para «que se revisen públicamente las decisiones adoptadas y se garanticen las condiciones necesarias para que el Museo Nacional cumpla su misión».

    Pronunciamiento de la Universidad Jorge Tadeo Lozano
    FOTO: vía Instagram (utadeo.edu.co)

    Para Camila de Gamboa, docente universitaria y experta en temas de paz y procesos de construcción de memoria, se debe tener en cuenta que ya hay antecedentes de intentos gubernamentales por borrar parte de la memoria para imponer un contrarrelato en beneficio del gobierno de turno, y recalcó las consecuencias que la decisión tomada para la administración De la Espriella puede tiene sobre el movimiento feminista y la comunidad LGBTIQ+.

    «No es la primera vez que un gobierno en Colombia intenta cambiar la memoria del pasado, recientemente lo hizo Iván Duque a través de su director del Centro de Memoria Histórica. Los gobernantes radicales usan el poder para cambiar las visiones del pasado que no comparten, y claramente eso está haciendo el presidente al ordenar el desmonte de 30 obras del Museo Nacional», expresa a este medio la también investigadora, quien se refiere también a las afectaciones que tiene, sobre las víctimas del conflicto armado, el desconocimiento de sus voces en procesos de paz como el realizado en La Habana.

    «Las mujeres en Colombia y la comunidad LGTBIQ+ a través de la Constitución y a los desarrollos jurisprudenciales ha logrado la reivindicación de sus derechos fundamentales y su reconocimiento como ciudadanas y ciudadanos. Cuando un presidente desconoce y ataca a las feministas y a la comunidad LGTBIQ+, quitando esas obras en el Museo, los pone en peligro y los hace muy vulnerables (…) en vez de contribuir a la paz, el gobierno contribuye a la guerra y a que las actuales víctimas se les niegue sus legítimas expectativas de justicia», agrega De Gamboa.

    Por ahora, la respuesta a la decisión del Gobierno nacional ha estado centrada en la movilización y en la educación, reflejada en las clases que diversos artistas han ofrecido abiertamente al frente del Museo Nacional, y en la que indirectamente han participado decenas de agentes de la Unidad Nacional Antidisturbios. En paralelo, el debate sigue en redes, las calles y ahora, en las aulas.

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